La bibliografía agronómica está llena hasta la saciedad sobre la evapotranspiración y su uso para el riego. Acá un ejemplo de lo que la bibliografía indica: "La evapotranspiración potencial es la cantidad máxima de agua que podría evaporarse desde el suelo y transpirarse por las plantas en un área determinada, bajo condiciones climáticas específicas y asumiendo que existe una disponibilidad ilimitada de agua en el suelo. En otras palabras, representa la demanda de agua que la atmósfera ejerce sobre la vegetación y el suelo. Si el agua escasea, la evapotranspiración real será menor que la potencial."
Evapotranspiración Potencial
Siendo estrictos, la ET₀ (Evapotranspiración de Referencia) depende de la radiación solar, la temperatura del aire, la humedad relativa y la velocidad del viento. Por su parte, la ETc es la evapotranspiración del cultivo, la cual permite relacionar la ET₀ con un cultivo en particular usando el coeficiente de cultivo Kc, siendo su fórmula la siguiente: ETc = ET₀ × Kc.
A estas alturas, el lector promedio ya estará pensando que esto es más de lo mismo, pero en realidad no. El riego agrícola, para alcanzar producción y obtener márgenes razonables por rendimiento, calidad u oportunidad de cosecha, requiere una mirada en 360 grados de la producción agrícola. A la mayoría de los ejecutivos comerciales no les gusta cuando los agrónomos hablamos de entes vivos o de células, porque parece que bajo esos conceptos todo puede ser explicado para bien o para mal.
Ahora bien, si metemos el clima, el suelo y, sin irnos a más detalles, el riego se vuelve complejo, difícil de definir. Entonces, lo más sencillo parece volver a las matemáticas y concentrarnos en las fórmulas. Pero incluso ahí, aún queda un espacio más para obtener la evapotranspiración real, que está relacionada con uno o más coeficientes como el nivel de estrés hídrico.
Volvamos solo al riego, dejemos de lado más variables y pensemos del modo ceteris paribus, es decir, considerando todas las demás variables constantes. Entonces acá nos encontramos con dos términos que son TIEMPO y FRECUENCIA. Tiempo y frecuencia son las dos llaves de operación de un riego; si logro encontrar ambos puntos y sus combinaciones, podría entregar los requerimientos del cultivo de manera bastante precisa y adecuada.
Sin embargo, incluso solo considerando el riego, estas dos variables dependen de otros parámetros o factores, como el coeficiente de uniformidad del riego, labor que se ha dejado de lado en muchos campos, siendo reemplazada por aplicaciones y servicios web, cuando era una labor imprescindible para conocer el estado de mis goteros y hacer que el tiempo y la frecuencia tuvieran un efecto positivo sobre mi producción. Lo mismo pasa con las revisiones de presiones en distintos puntos del equipo de riego, la bomba, el amperaje del tablero, el retrolavado del filtro… entre muchas otras cosas.
Entonces, la pregunta es: ¿podemos abstraernos al máximo a la hora de planificar el riego y a la hora de ejecutarlo? ¿Es posible omitir casi por completo cualquier variable con la única finalidad de considerar el riego como una simple ecuación de "rellenar un vaso con agua cuando esta falte"? Es, sin lugar a duda, imposible.
Simplificación del riego: aplicaciones celulares
Acá me van a perdonar muchos profesionales de otras áreas no relacionadas con la agricultura, pero he visto por años cómo el riego está siendo llevado a una simplificación máxima usando aplicaciones web y recomendaciones automáticas que no consideran todo el espectro de interés a la hora de regar. ¿Por qué? Porque recordemos que regar no es para que las plantas no se sequen, es para hacer que mi producción sea económicamente rentable.
Hay entrevistas por cientos en redes sociales donde profesionales no relacionados con el agro opinan sobre cómo se debe regar, sobre el estrés de las plantas, sobre el suelo, sobre el clima; es bastante impresionante escucharlos. Mis profesores de fisiología vegetal o de suelos deben estar revolviéndose con el grado de simplificación que vemos hoy en día. Para qué pensar en la decisión de riego.
No quiero decir que estas aplicaciones no sirvan de nada; muchas sí son útiles, pero deben embarcarse en un área de influencia específica. Algunas pueden reemplazar al programador físico de riego, otras al análisis de la humedad del suelo, pero es muy complejo recrear un escenario multivariable para determinar el riego predial en un espacio o territorio específico; como dirían los vitivinicultores franceses, el terroir.
Cada territorio, predio, campo o cuartel es único. Puede ser muy similar, pero en definitiva es único por su suelo, plantas, orientación, pendiente, entre muchas otras cosas. Por simplicidad, un buen ingeniero agrónomo podrá, con experiencia, agrupar cuarteles similares y darles un trato similar en riego, pero eso no es matemáticas: es experiencia de campo, conocimientos base sobre suelo, plantas, agroclimatología, riego, hidráulica, etc.
Cómo definir las variables para un riego correcto
El análisis de cómo regar no debe pasar solamente por el cultivo, aunque suele ser la primera definición que se hace —incluso por profesionales y asesores del agro—. Suele ser el punto de partida: por ejemplo, decimos "limones variedad Eureka", y perfecto, desde ahí se construye el relato del riego. No está mal, pero no es la única forma (ni necesariamente la más completa) de abordarlo.
Para mí —sin pretender que sea una verdad universal—, lo primero es plantearse qué quiero lograr con el riego. A partir de ahí surge una serie de preguntas y respuestas en cadena que permiten entender el riego como un factor productivo clave y no como un simple método de "rellenar el vaso con agua cuando falta".
¿Qué quiero lograr con el riego? Bueno, parece lógico pensar que queremos que las plantas no se sequen o no se estresen. Pero ya en esta primera revisión nos damos cuenta de que el estrés hídrico puede ser bueno o malo: si es bueno, ¿por qué lo es, cuándo y cómo aplicarlo?; y si es malo, ¿cuándo debemos evitarlo a toda costa?
Hasta este punto no hemos hablado de un cultivo en particular; perfectamente podríamos estar discutiendo sobre etapas fisiológicas como la floración, la cuaja, el receso invernal o la división celular. Luego se le puede poner la "carátula" del cultivo, pero hacerlo inicialmente sin casarnos con una especie permite no descartar elementos que sí pueden ser críticos.
El cálculo de la demanda hídrica es claramente un ejercicio matemático basado en datos, ya sean históricos o en tiempo real (sobre esto último, los invito a leer otro post que escribí hace un par de días acerca de la calidad de los sensores en telemetría). https://peregrinetelemetry.com/es-CL/blog/el-espejismo-del-software-calidad-de-los-sensores
Luego podemos pasar a analizar el suelo y los factores que influyen directamente en el riego: el sellamiento superficial por propiedades físico-químicas, la estructura, la materia orgánica, la presencia de un pie de arado, la velocidad de infiltración, etc.
No es posible en este post indicar un método preciso, solo quiero explicar una filosofía a la hora de enfrentar el riego, cuando en verdad tienes una producción agrícola y quieres que sea rentable.
En definitiva, definir un programa de riego no es apretar un botón en una app ni aplicar ciegamente una fórmula matemática. Es entender que cada campo tiene su propio latido, su propio terroir, y que la tecnología debe ser un copiloto que nos entrega datos, pero nunca el piloto que reemplaza la experiencia agronómica de terreno; experiencia que, muchas veces sin saberlo, también está en manos del mismo agricultor.
Gonzalo Arellano O.
Ing. Agrónomo