Este artículo fue publicado por  Viti Les Enjeux de mayo de 2019,

Fuente: https://www.tema-agriculture-terroirs.fr/mon-viti/viticulture/lirrigation-permet-de-maintenir-pas-daugmenter-le-potentiel-de-rendement-852657.php y traducido para este Blog.

En un contexto de creciente aridez y episodios de sequía recurrente, el riego de la vid se percibe a menudo como una solución milagrosa para incrementar las cosechas. Sin embargo, los expertos agrónomos y vitícolas son categóricos: el riego no está diseñado para aumentar artificialmente el rendimiento de una parcela, sino para preservar y asegurar el potencial productivo existente frente al estrés hídrico.

Traducción adaptada del artículo original de Tema Agriculture & Terroirs / Mon-viti.

1. Preservar el potencial, no crear un superrendimiento

El riego actúa principalmente como un seguro o regulador climático. Su objetivo no es sobrepasar la capacidad productiva natural impuesta por el terruño (suelo, clima, variedad de uva y portainjerto), sino evitar las pérdidas drásticas causadas por la falta de agua.

  • Evitar el bloqueo vegetal: Un estrés hídrico severo frena la fotosíntesis, bloquea la maduración de la uva y puede provocar la caída prematura de las hojas (defoliación).
  • Proteger los componentes de la cosecha: El agua permite que las bayas alcancen su tamaño óptimo sin sufrir deshidratación ni marchitamiento antes de la vendimia.

2. El impacto en los componentes del rendimiento

El rendimiento de la vid depende de la fertilidad de las yemas, el número de racimos, la tasa de cuajado y el peso final de la baya. El aporte hídrico influye en estos factores de forma preventiva y de mantenimiento:

A. Peso y tamaño de las bayas (Año N)

El riego administrado entre el cuajado y el envero evita que las bayas se queden demasiado pequeñas debido a la sequía. Sin embargo, añadir agua de manera tardía o excesiva no multiplicará indefinidamente el volumen del grano, sino que causará dilución.

B. Fertilidad de las yemas y cosecha futura (Año N+1)

Un estrés hídrico muy marcado en verano perjudica la iniciación floral dentro de las yemas latentes. Regar adecuadamente durante la campaña actual garantiza la fertilidad y la producción del año siguiente.

3. Los riesgos del riego excesivo o mal gestionado

Intentar forzar el rendimiento mediante un riego abundante resulta contraproducente tanto técnica como cualitativamente:

  • Dilución aromática y fenólica: El exceso de agua provoca la pérdida de concentración en azúcares, color (antocianos) y taninos, derivando en vinos diluidos y de menor valor comercial.
  • Exceso de vigor vegetativo: Favorece un desarrollo foliar desmedido (canopia demasiado densa), lo que crea un microclima húmedo idóneo para el desarrollo de enfermedades fúngicas como el oídio y la botritis.
  • Aumento de costos: Representa un consumo innecesario de agua y energía sin un retorno económico real en calidad o volumen.

4. El Riego Deficitario Controlado (RDC) como estrategia clave

Para optimizar el uso del agua y mantener la calidad, la viticultura moderna apuesta por el riego de precisión:

Principio del Riego Deficitario Controlado (RDC)

Aplicar pequeños aportes de agua calculados en los momentos fenológicos críticos (especialmente entre el cuajado y el envero) para aliviar el estrés hídrico severo, manteniendo a la planta en un ligero nivel de restricción que favorezca la concentración de la uva sin comprometer la salud de la cepa.

Conclusión

El riego debe gestionarse como una herramienta de resiliencia y estabilización frente al cambio climático. No transforma una parcela de bajo rendimiento en una superproductora, pero evita que una sequía arruine el trabajo de todo un año y comprometa la sostenibilidad del viñedo a largo plazo.

Fuente: tema-agriculture-terroirs.fr (Mon-viti).